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Informe especial
Samaná: la isla de los tesoros naturales

Los viajeros que aprecian la calma del sol y el mar, así como aquellos que buscan aventura, adrenalina, selva y sabores locales, encontrarán satisfechas sus expectativas en uno de los enclaves más recomendables de República Dominicana y todo el Caribe: Samaná.

La Española, una de las islas que integra las Antillas Mayores, conformada por los territorios de Haití y República Dominicana, alberga maravillosos atractivos naturales y culturales, paisajes submarinos y parques nacionales de profusa vegetación; además de algunas de las ciudades más antiguas de América.

Una de sus 32 provincias es Samaná, que se localiza a dos horas de la capital nacional: Santo Domingo.

Samaná tiene una superficie de casi 900 km² y una población cercana a las 95 mil personas. Sus hermosas playas y los pueblitos que viven de la agricultura, la pesca y el turismo se pueden combinar perfectamente con atractivos naturales como la exuberante vegetación del Parque Nacional Los Haitises y una variedad gastronómica de marcada influencia francesa.

Las propuestas hoteleras son muy completas y abundan los alojamientos todo incluido pertenecientes a las cadenas más prestigiosas del mundo. 

 

LAS TERRENAS.

En el pequeño poblado de Las Terrenas, centro turístico de la provincia, recomendamos caminar por el malecón donde se suceden bares y restaurantes de excelente calidad, además de las mejores vistas de la caída del sol. Cada tarde, los turistas y locales se reúnen allí para disfrutar, copa de ron en mano, del atardecer caribeño.

Las Terrenas tiene un pequeño centro comercial al aire libre, ideal para adquirir recuerdos dominicanos. Varias tiendas ofrecen joyas y accesorios con incrustaciones de larimar, una piedra semipreciosa que sólo se encuentra en este país.

Aceites esenciales, jabones elaborados con aceite de coco y delicias de cacao, además de varias marcas de ron, completan la oferta de recuerdos que vuelven en las valijas de los vacacionistas.

A sólo 7 km. de Las Galeras es posible acceder a Playa Rincón, una de las imperdibles de Samaná. Vale mencionar que también puede resultar interesante apuntarse en una excursión en barco, que incluye el descenso en este paraíso de aguas turquesas y cocoteros.

 

CAYO LEVANTADO.

A sólo 20 minutos en taxi acuático desde el puerto de Samaná se localiza Cayo Levantado, un verdadero enclave de ensueño para pasar un día en pleno contacto con la naturaleza. Aguas transparentes, un parque marino con paisajes surreales y manjares de excelente precio y calidad como pescado frito, buñuelos y frijoles conquistan a los turistas que visitan este enclave.

 

SALTO EL LIMÓN.

De camino al salto El Limón se atraviesa un camino en el que se aprecia una increíble gama de verdes, apenas interrumpidos por pequeñas casas de paredes coloridas que van indicando el camino hasta llegar al primer acceso, perfectamente señalizado, a 4 km. de Samaná.

Una vez allí habrá que continuar el trayecto, de no más de 20 minutos a caballo. Durante el paseo el canto de las aves, la vegetación que se cuela desde cada costado del paisaje y la fauna local -que juega a las escondidas­- son los anfitriones de la aventura, mientras los caballos sortean pequeños arroyitos que se convierten en un oasis, inmerso en el bosque tropical. Luego el sendero se completa a pie y en menos de 10 minutos se divisa el impactante salto de agua.

Se trata de la cascada que desciende desde la parte más elevada de la sierra de Samaná, a una altura de 40 metros. En los últimos años este lugar se convirtió en el predilecto de los intrépidos clavadistas que no dudan en comportarse como verdaderas estrellas del aire.

 

PARQUE NACIONAL LOS HAITISES.

Con una superficie de 1.600 km.², este hogar de manglares vírgenes, petroglifos de pueblos originarios (los taínos), playas solitarias y una gran diversidad de flora y fauna endémica encarna uno de los tesoros verdes más preciados de República Dominicana.

Para recorrer la zona habilitada al público hay que emprender algunas de las navegaciones gestionadas por los distintos prestadores turísticos. Los paseos se desarrollan en catamaranes o semirrígidos que avanzan entre las formaciones rocosas emergentes. Durante la navegación, el guía va detallando las características del paisaje y señala los distintos cayos habitados por decenas de especies de aves.

Más adelante se suceden una series de cuevas húmedas y misteriosas que resguardan impactantes pictografías (antiguos dibujos, símbolos y escrituras plasmados en piedras).

Una de las formaciones, la cueva de la Arena, está situada en una playa aislada con varias cavernas frente al mar y esculturas de origen taíno. En otra de las cuevas (La Línea) que se encuentra en el espeso bosque tropical, hay vestigios de habitantes originarios.

Al bajar de la embarcación los viajeros pueden emprender una caminata guiada a través de las formaciones de roca caliza que abundan en las cuevas, para explorar sus intersticios y recovecos donde las estalactitas conforman paisajes surrealistas.

De regreso, las embarcaciones más pequeñas navegan entre los manglares por la cuenca baja del río Yuna, que descubre un escenografía apacible y una paleta de colores verdes y ocres. Esta escena, potenciada por el sonido del trino de los pájaros, crea una atmósfera de inmensidad y calma en pleno contacto con la naturaleza.

De regreso, cabe la posibilidad de que las embarcaciones sean “custodiadas” por una manada de delfines que merodean la zona. Si la suerte y el clima acompañan éste será un inmejorable cierre para la excursión y por qué no para la experiencia dominicana.