Información para Profesionales de Turismo
Texto
Actualidad
El Gobierno escala el conflicto en Aerolíneas Argentinas

Las posiciones se tensan. Mientras los sindicatos recaban apoyos políticos, la compañía cancela sus vuelos ante el paro del lunes 26 y no convoca ni al diálogo, ni al cierre de esta edición, solicita la conciliación obligatoria, ante una huelga que desde la propia empresa admiten, le costaría al menos US$ 20 millones.

La verdad es que si uno no apela a las teorías conspirativas es difícil comprender la posición de la dirección de Aerolíneas Argentinas. Cuando se produjo la “mega-asamblea” del Sindicato Aeronáutico Unido, el frente sindical que nuclea a los cinco gremios de AR/AU, el 8 de noviembre pasado, desde la compañía se quejaron de lo que consideraron “un paro encubierto”, “una medida de fuerza no declarada”, que definieron como “un paro salvaje”. De hecho, ese mismo fue el argumento para no poder atender a los pasajeros, reprogramar los vuelos o solicitar formalmente a la Secretaría de Trabajo una conciliación obligatoria.

Sin embargo, ante el paro de 24 horas del próximo 26 de noviembre, declarado casi con cinco días de antelación, la empresa decidió cancelar sus vuelos, directamente. En total, son 371 los servicios que no operarán ese día y que afectarán a unos 40 mil pasajeros. Además, voceros de la empresa aseguraron a Clarín que la huelga tendrá un impacto económico negativo de casi US$ 20 millones en el contexto de una empresa que, según su presidente Luis Malvido, “está virtualmente quebrada”. ¿Entonces? ¿Por qué la dirección de AR permite que el paro se concrete, no pide la conciliación obligatoria ni, mucho más sencillo y directo, convoca al diálogo?

En el comunicado donde se refiere a las cancelaciones del lunes, la empresa expresa sencillamente que “ante la necesidad de proteger mejor a los pasajeros, reprogramando sus vuelos de la manera más ordenada posible, Aerolíneas se ve obligada a cancelar toda la operación pautada para ese día”. Y prosigue: “La empresa busca evitar situaciones de confusión y problemas para el pasajero como las ocasionadas por el paro del pasado jueves 8, cuando durante 11 horas los gremios tuvieron de rehenes a más de 30 mil personas que no pudieron volar, y a las que incluso privaron de la posibilidad de acceder a información sobre sus vuelos”. Curiosamente y aunque no intenta resolver el conflicto, el texto afirma: “Una vez más, la empresa lamenta los inconvenientes causados por esta situación. Y reitera su compromiso con la conectividad y con dar el mejor servicio a sus pasajeros”.

En el mismo sentido, el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, señaló: “Nosotros como gobierno y equipo de Aerolíneas los invitamos a reflexionar (a los sindicatos) porque el paro cuesta muchísima plata para la economía y afecta el prestigio y las ventas futuras de la compañía”. Pero más allá del pedido el funcionario no convocó a una reunión, no intentó mediar entre las partes.

En definitiva, parece que la dirección de AR buscara el conflicto, lo escalara, subiera la apuesta, en lugar de tratar de subsanarlo. Hablamos sencillamente de dialogar, no de conceder, sino de intentar arribar a una solución. Sin embargo, parece entenderse en este caso que dialogar es ceder, es sinónimo de debilidad. Una posición de dureza que condice con la fábula del león joven que se come hasta la cría del león viejo, cuando disputa la conducción de su manada, y que utilizara Luis Malvido en un sonado video que recorrió Internet, en donde se vanagloriaba del ajuste que aplicó en su paso por Telefónica de Venezuela. “Veinte directores se fueron en una semana”, afirmó en esa conferencia.

 

Sumando apoyos.

Por su lado, los sindicatos salieron de gira y se reunieron con diversos grupos políticos buscando ampliar su base de apoyo. El planteo en todos los casos fue “la defensa de Aerolíneas Argentinas”, ante lo que creen es la intención del Gobierno de cerrarla.

En primera instancia, el bloque de diputados del Frente para la Victoria-Partido Justicialista (FpV-PJ) se reunió en el Congreso y recibió a los secretarios generales de Sindicatos Unidos Aeronáuticos (los mecánicos de APTA, el personal aeronáutico de APA y el superior de UPSA, y los pilotos de APLA y de UALA), a los que se sumaron los aeronavegantes de AAA y los de Atcpea (TCP’s de Latam) y los controladores aéreos de Atepsa.

Posteriormente, esa misma jornada, los sindicalistas fueron recibidos también por diputados del Frente Unidos por una Nueva Argentina (exRenovador), grupo encabezado por los legisladores Graciela Camaño y Carlos Selva, presentes en el encuentro.

Al día siguiente, los gremios recibieron el respaldo del Frente Sindical para el Modelo Nacional, en una reunión celebrada en la sede del sindicato Smata.

En todos los casos, el planteo no solo apuntó a “defender a Aerolíneas”, sino también a describir la situación crítica por la que pasa el mercado aerocomercial.

El compromiso más sólido lo tomó el bloque FpV-PJ, que además de plantear la posibilidad de pedir una interpelación al ministro Dietrich y pedir la comparecencia del presidente de Aerolíneas Argentinas, Luis Malvido, al Congreso, plantearon la posibilidad de conformar un Consejo de Notables que sume voces y apoyos políticos de diversa procedencia.