Información para Profesionales de Turismo
Texto
Panorama
NAIM, el mega aeropuerto que no pudo ser

En 2020, Ciudad de México iba a contar con una nueva estación aérea, seis veces mayor que la actual, que está operando al límite de sus posibilidades. Pero a través de una controvertida decisión, el nuevo gobierno suspendió las obras para siempre.

Hay aeropuertos construidos bajo ambiciosas promesas que quedarán en los anales de la vergüenza por el colosal derroche de dinero invertido a cambio de poco o nada. Tal es el caso del aeropuerto de Ciudad Real, España, abierto en diciembre de 2008 como alternativa a Madrid-Barajas, y cerrado en abril de 2012 por costoso e ineficiente. Otro ejemplo bochornoso, que además pone en duda la célebre eficiencia alemana, es el del aeropuerto de Berlín Brandemburgo, cuya inauguración viene postergándose desde hace siete años por una espiral de errores técnicos irresueltos.

Pero hoy la noticia de fracasos de este tipo pasa por el proyecto NAIM (Nuevo Aeropuerto Internacional de México), que apuntaba a descomprimir al exigido Benito Juárez de la ciudad capital, que con 44,7 millones de pasajeros transportados en 2017 lidera los índices de tráfico en América Latina.

Atento a la imposibilidad de ampliarlo (está rodeado de edificaciones y muy próximo al centro urbano), la idea fue erigir una nueva estación aérea. Así, en septiembre de 2014 fue anunciado un proyecto cuya construcción quedó en manos del célebre arquitecto inglés Norman Foster en colaboración con su par mexicano Francisco Romero. Un trabajo de US$ 13,3 mil millones, la obra más significativa del gobierno del gobierno del por entonces presidente Enrique Peña Nieto.

Situado sobre el desecado lago de Texcoco, a unos 15 km. del centro urbano, iba a ocupar 12.500 ha. (seis veces más grande que MEX), con dos pistas paralelas en su primera fase –prevista para 2020– que permitirían movilizar 50 millones de pasajeros anuales.

Los trabajos comenzaron, pero en julio de 2018 Peña Nieto perdió la posibilidad de ser reelegido y su mandato quedó en poder de su más firme opositor, Andrés Manuel López Obrador, quien desde abril de 2015 venía rechazando la iniciativa. “Es un barril sin fondo, un desperdicio de dinero”, llegó a decir. Además, el sitio elegido estaba ambientalmente cuestionado por tratarse de una zona lacustre y hábitat de aves migratorias.

En su reemplazo, López Obrador propuso complementar las operaciones del Benito Juárez, que quedaría afectado a vuelos domésticos, con la puesta en servicio de la base militar de Santa Lucía, que requerirá de dos pistas adicionales a la existente.

Para contar con sustento popular, el nuevo presidente llamó a una controvertida encuesta nacional (participó tan sólo el 1% de la ciudadanía) sobre el futuro del NAIM. Ganó la propuesta de suspender los trabajos.

El problema es que las obras tienen un avance del 33%. El flamante gobierno afirma que los contratos serán respetados y el predio quizás se transforme en “un gran centro ecológico y deportivo”.

Más allá de todo, nadie duda que Ciudad de México necesita otra estación aérea, vital para el crecimiento económico y social del país. El Benito Juárez no da para más y el NAIM se suma así a los aeropuertos que no han podido ser.