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La ANAC retrocedió en chancletas

La Administración dio marcha atrás con un polémico cambio normativo que solo sumaba discrecionalidad. Tras una huelga de pilotos que duró unas pocas horas, la dependencia oficial se comprometió a derogar la cuestionada resolución, hecho que se produjo el viernes pasado.

“Artículo 1°. Revócase la Resolución N°895/2018 de fecha 21 de noviembre de 2018 de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC)”. Este es el primer artículo de la resolución N°58/2018 publicada el viernes pasado en el Boletín Oficial, que actúa casi como la rendición de la ANAC. El jueves, con el paro de 48hs. convocado por la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA) y por la Unión de Aviadores de Líneas Aéreas (UALA), la ANAC emitió un comunicado donde anticipaba su decisión final de derogar la polémica resolución N°895 explicando que el cambio pretendido: “Simplifica y aclara las categorías de pilotos a las que pueden acceder los extranjeros. La norma anterior, se regía con categorías desactualizadas que no coincidían con las categorías establecidas en el propio Código Aeronáutico. Lo que hace la nueva norma es especificar para simplificar un trámite”. El texto, es una mentira que intenta, torpemente, disfrazar la derrota de la ANAC.

 

Una cuestión textual.

Mucho se ha escrito y dicho sobre el conflicto esta semana, pero pocos colegas se han tomado el trabajo, el sencillísimo trabajo de acceder a la Resolución N°895 y compararlo con el texto vigente de la RAAC Parte 61 (que se ve en el cuadro que publicamos originalmente en nuestra edición N°1549. La RAAC original en cuestión se puede descargar del website de la ANAC). La modificación propuesta por la Administración no vuelve a delimitar categorías ni nada de eso: simplemente le suma discrecionalidad a una norma taxativa. En el apartado que establece la obligación de rendir un examen teórico y otro de vuelo de pericia, en simulador, la ANAC pretendía sumar el párrafo siguiente: “A menos que por las circunstancias del caso pueda establecerse probadamente y con razonable certeza que el solicitante posee la pericia que se requiere para el certificado de idoneidad que solicita”. ¿Cuál es la forma de establecer “probadamente y con razonable certeza” la pericia del piloto que solicita la reválida de su licencia? Queda a criterio y capricho de la autoridad aeronáutica de turno.

Y en otro párrafo, propuesto como agregado por la ANAC, la discrecionalidad queda aún más en evidencia: “La Autoridad Aeronáutica competente podrá dispensar parcialmente y bajo las condiciones particulares que en cada caso se establecieran mediante decisión fundada, el cumplimiento de requisitos atinentes a conocimientos generales, establecidos para la obtención de la licencia solicitada”.

 

Ante todo la seguridad.

Los gremios vieron el cambio inicialmente como una amenaza, como la posibilidad de cualquier empresa de conjurar una huelga con la incorporación, de un día para otro, de pilotos extranjeros que logren revalidad sus licencias de modo exprés.

Pero más allá de esa visión sectorial, la realidad es que dejar la revalida de licencias a la decisión caprichosa de un funcionario (sea Tomás Insausti, titular actual de la ANAC, o quien sea), genera un margen amplio de inseguridad aeronáutica. ¿Quién responde por el piloto extranjero que no acreditó sus conocimientos y pericia si llega a cometer un error y producir un accidente?

Es fácil caer en el prejuicio de suponer que sólo por su origen de nacimiento y formación algunos pilotos son mejores que otros. Dicho en otros términos, ¡¿cómo se va a dudar de un piloto europeo?!, por ejemplo. Sin embargo, la realidad indica lo contrario: en 2015, el vuelo 9525 de Germanwings que había despegado de Barcelona y se dirigía a Düsseldorf se estrelló en los Alpes con un saldo de 144 víctimas fatales. Luego se comprobó que el accidente había sido premeditado por el copiloto: Andreas Lubitz, que se suicidó arrastrando a sus compañeros de tripulación y pasajeros con él. El piloto había pasado todas las pruebas y tests y se había formado profesionalmente en Europa.

Justamente, para evitar discriminaciones y discrecionalidades, se fija un procedimiento claro y taxativo para que un piloto revalide su licencia en la Argentina. Con matices, en todo el mundo se deben atravesar procedimientos similares para validar una licencia de piloto, en algunos más burocráticos, en otros más ágiles. 

 

Conclusión.

Entre que la huelga convocada por la APLA y la UALA entró en vigor, el jueves por la mañana, y que la ANAC confirmara su decisión de dar marcha atrás con el cambio normativo, mediaron varias horas. En ese lapso del jueves se llegaron a cancelar 56 vuelos, afectando a un total de 7.000 pasajeros. Esto a lo largo de la jornada, y el viernes la operación se normalizó.

El conflicto se saldó con una dura derrota del gobierno. La ANAC no fue capaz, ni de negociar y consensuar el cambio en la norma previamente, ni de imponerlo luego por la fuerza (ése fue el camino elegido, en definitiva). Pero además, la Administración inventó a mediados de diciembre pasado un conflicto que no existía. Uno nuevo, otro más, para provocar un cambio normativo sobre un tema que no es para nada crítico. Los pilotos extranjeros pueden volar en la Argentina, revalidando su matrícula, y los pilotos argentinos de regreso también lo pueden hacer. Los tiempos que este trámite demanda se topan con la propia burocracia de la ANAC, y está en manos de ella acelerar los plazos respetando la norma vigente, si lo desea. Por otra parte, la intención non sancta de acabar con los paros de pilotos mediante rompehuelgas, el temor original de los sindicatos, queda confirmado tácitamente con la mentira de la ANAC respecto de que la norma impulsaba un reordenamiento de categorías que nunca se propuso por escrito. El interrogante que se desata ahora es cuál es la fortaleza que le queda a Tomás Insausti para pretender continuar al frente de la ANAC, tras cometer un error no forzado tan grosero.