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Informe especial
Turismofobia, un fenómeno que llama a la reflexión

Barcelona, Venecia y Berlín son algunas de las ciudades europeas donde el turismo, a pesar de ser una pieza clave de sus economías, presenta contras significativas. El “overcrowding”, o ingreso masivo de visitantes, reciente la vida cotidiana de los residentes y obliga a los gobernantes a tomar medidas restrictivas.

Por Antonio J. Navarro

 

Salvo contadas excepciones, el principal desafío de los destinos turísticos pasa por promocionar a todo lo alto sus puntos de interés para aumentar la llegada de visitantes. Esto nadie lo duda. El efecto de la industria tiene un gran impacto en cualquier economía. La única salvedad pasa por aquellas ciudades que se salieron de eje y que no saben cómo detener –o limitar– tales arribos. La “turismofobia” que le dicen, afecta a varias urbes europeas y ha pasado a ser una cosa seria.

En el casco histórico de Palma de Mallorca pueden verse pintadas al respecto. “Stop guiris, el turismo destrueix la ciutat” o “Refugees welcome, tourist go home”. Lemas que se repiten hace ya unos años en Barcelona, donde un creciente número de residentes valoran negativamente la creciente llegada de turistas internacionales. “Más vecinos, menos hoteles” es otra consigna que se repite en la capital catalana, resultante del alza de los precios para alquilar viviendas que conlleva el turismo masificado.

Quienes hayan visto la genial serie Merlí en Netflix, recordarán el odio que el profesor de filosofía barcelonés tenía a los turistas. Una ficción que reflejaba una realidad. Es más: estadísticas municipales de esa ciudad indican que el impacto del turismo es una importante causa de desvelo ciudadano, por encima del tráfico vehicular, los problemas económicos y la contaminación.

En declaraciones al diario El País, Daniel Pardo, un vecino del barrio barcelonés de Ciutat Vella, explica algunas facetas de este fenómeno. “Claro que hay rechazo, sostiene, es difícil no tomarla con los turistas, aunque sea internamente y en silencio, porque están por todas partes. Sólo pasando por las molestias que dan pie a la turismofia llegas a tomar conciencia de la profundidad del problema. Entiendo las reacciones en contra, aunque cuando las racionalizas y desplazas de foco, te das cuenta de que el enemigo no es el turista, sino cierta industria sin escrúpulos que sólo busca el beneficio a costa de lo que sea.”

Asimismo, existen focos de tensión entre las autoridades y ciertos grupos radicales que, no solo en Barcelona sino también en otros destinos, han emprendido campañas de vandalismo contra la llegada masiva de viajeros. A mediados de 2017, encapuchados de una entidad de izquierda atacó a un autobús turístico en cercanías del Camp Nou, pinchando un neumático y pintándole en el parabrisas la leyenda “El turismo mata los barrios”. Previamente, miembros del mismo grupo habían dañado bicicletas de alquiler.

 

PUNTOS DE VISTA.

Para Emilio Gallego Zuazo, secretario general de la Federación Española de Hostelería, el aumento del turismo en Barcelona se debe al boom de las servicios online de alquileres vacacionales, “que han doblado la capacidad de alojamiento de la ciudad”. Y asegura: “Es un problema de desplanificación urbanística. En España el turismo es un fenómeno industrial que se desbarata de manera descontrolada con la entrada de plataformas como Airbnb”.

En declaraciones a BBC Mundo, la técnica sanitaria Carla Carballo, ratifica las palabras del dirigente diciendo que debió mudarse lejos del centro por el aumento en los costos de alquiler. “Yo vivía en el distrito de L'Eixample, muy cerca del Arco del Triunfo, y me tuve que mudar a Badalona –una comunidad vecina a Barcelona– porque la situación es insostenible. Los alquileres están altísimos.”

Además, el turismo masivo genera la “turistificación”. ¿De qué se trata? En que se va haciendo cada vez más difícil encontrar comercios o restaurantes tradicionales en los barrios y a la falta de educación de muchos viajeros. “Además, no dejan dinero en la ciudad”, asegura Carballo. “Llegan en vuelos de bajo costo, duermen muchos en un mismo apartamento y beben y comen en la calle”.

Para tratar de poner coto a este fenómeno, el ayuntamiento de Barcelona aprobó un plan que paraliza la apertura de nuevos hoteles en las zonas más visitadas de la urbe y algunas adyacencias, permitiendo que los nuevos proyectos se instalen en áreas más alejadas del centro a fin de distribuir el flujo de arribos más armónicamente.

En 2014 la actual alcaldesa, Ada Colau, en ese momento una figura política en alza, sostuvo en una columna del diario británico The Guardian: “El turismo masivo puede matar a una ciudad; sólo pregúnteles a los residentes de Barcelona”.

Pero para algunos el plan está equivocado. Manuel Casals, director general del Gremio de Hoteles de Barcelona, es uno de ellos. “De los más de 30 millones de personas que llegan a la ciudad cada año, sólo ocho millones se hospedan en hoteles. El resto está compuesto por viajeros de un día que gastan muy poco dinero. No se regula el turismo limitando el número de camas. No están regulando el turismo; están regulando los lugares en lo que van a dormir”.

En noviembre pasado, la entidad que conduce Casals se reunió en Nueva York con dirigentes de las principales asociaciones hoteleras del mundo para consensuar un método de lucha contra los perjuicios que les ocasiona el alojamiento turístico ilegal. Volverán a hacerlo en Barcelona, precisamente, a fines de abril próximo.

A lo largo del encuentro, los líderes hoteleros coincidieron en que en los últimos 10 años el alquiler turístico ilegal ha crecido gracias a un “entorno deficientemente regulado”, permitiendo, en consecuencia, el rápido crecimiento de plataformas online.

“Seducidas por la idea de que Airbnb es innovador, colaborativo y atractivo, las administraciones han ignorado todos estos problemas permitiendo su expansión. Buscamos que se visualice que este es un problema global, no de ciudades individuales", disparó Casals, quien añadió: "Allá donde va esta plataforma, crea problemas".

 

VENECIA, AL ROJO VIVO.

La célebre ciudad italiana de los canales está dando apurados pasos para revertir el “lado B” del turismo, que está haciendo estragos en su imagen. Para el New York Times es como una “Disneylandia en el mar”, mientras que el documental “Síndrome de Venecia” (Andreas Pichler, 2012) pinta la depredación que desde hace años devora su propia supervivencia.

Al igual de lo que acontece en Barcelona, los venecianos escapan del centro urbano por los crecientes costos en el alquiler de viviendas. Hoy tiene unos 55 mil residentes; a mediados del siglo pasado eran 175 mil. Y una catastrófica previsión apunta a que en 2030 pueda quedar prácticamente vacía. La cantidad de visitantes, en cambio, no deja de crecer: llegan más de 25 millones al año.

“El problema es que hay concentraciones intolerables de gente en espacios reducidos que siguen siendo vitales para la circulación de la gente que vive en la ciudad”, expresó Jonathan Keates, presidente del Fondo Venecia en Peligro.

Mientras tanto, el diario Corriere della Sera habló sobre una Venecia en la que los turistas improvisan carpas en los jardines de la ciudad, comen desordenadamente en las orillas de los canales y producen toneladas de basura que se acumula por doquier.

Entre otros paliativos, Italia aprobó una iniciativa para que los grandes cruceros se alejen de Venecia, una vieja reivindicación local. El Ministerio de Infraestructuras y Transportes decidió que en forma progresiva y a lo largo de tres años, estos grandes navíos, muchas veces más altos que los edificios de la ciudad, dejen de navegar frente a la plaza de San Marco y atraquen en el puerto de Marghera, en la vecina localidad de Mestre.

Previamente, los vecinos más combativos habían motorizado la campaña “No a las grandes naves”, la cual sumó 18 mil firmas para que la laguna fuera declarada totalmente libre de cruceros”.

Por otra parte, en abril pasado Venecia estrenó una serie de controles para regular el ingreso de visitantes en temporada alta. Impulsado por el alcalde Luigi Brugnaro, se instalaron cinco “tornos” que se cierran cuando se alcanza un determinado número de personas. También se prohibió por tres años la apertura de negocios de comidas rápidas, excepto heladerías, a fin de preservar el carácter de la ciudad.

La medida que lleva la firma de Brugnaro, más la restricción a la llegada de grandes cruceros a la laguna, responde también a una amenaza de la Unesco en el sentido de eliminar a Venecia de la nómina de ciudades Patrimonio de la Humanidad.

Y esto no es todo. Este año se introducirá una nueva tasa de entrada para las estadías sin pernoctación, otra iniciativa del alcalde aprobada “in extremis” por el Parlamento el 30 de diciembre pasado. Un impuesto pensado para aquellos que no pasan la noche en el destino y solo concretan una visita diurna. Se los conoce como “los que muerden y salen corriendo”. El importa máximo rondaría los € 10.

La decisión fue rápidamente secundada por Dario Nardella, alcalde de otra de las joyas turísticas italianas. “Estoy muy de acuerdo, dijo. Sirve para equilibrar los gastos para la comunidad, considerando que el funcionamiento de las ciudades artísticas recae sobre las espaldas de los contribuyentes.”

 

PALABRAS MAYORES.

El Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, en inglés), organismo que preside la mexicana Gloria Guevara, se pronunció acerca de esta problemática a través de un informe elaborado en colaboración con la firma McKinsey & Company. El análisis, titulado “Hacer frente al éxito: gestión del overcrowing en destinos turísticos”, trata a fondo la situación y busca soluciones que puedan marcar una diferencia real en la materia. Fueron entrevistados operadores turísticos, autoridades gubernamentales, prestadores de servicios, hoteleros, compañías aéreas, ONGs y universidades.

Aunque Guevara resaltó la importancia del turismo como parte del motor económico global, señaló que los 20 destinos que atraerán más visitantes en 2020 sumarán más arribos que el resto del mundo en su conjunto. “Resulta necesario un plan de largo plazo para identificar las problemáticas específicas de cada destino y así poder desarrollar un plan coherente para gestionar el crecimiento”, apuntó.

“Queremos, dijo, brindar un punto de partida que permita establecer una nueva conversación acerca del crecimiento turístico a fin de encontrar un camino basado en compartir las mejores prácticas y enfoques en soluciones sostenibles.”

Para Alex Dichter, socio de la referida consultora, comentó: “Es más fácil prevenir el fenómeno del overcrowding que recuperarse del mismo, y la verdadera lección de nuestro trabajo es que una buena gestión es vital para todos los destinos turísticos. Esto incluye construir y actualizar regularmente una amplia base de datos, llevando a cabo una planificación rigurosa a largo plazo, involucrando a todos los sectores de la sociedad y encontrando nuevas fuentes de financiación para inversiones en infraestructura y sostenibilidad”.

Los principales problemas detectados fueron la alienación que la masiva llegada de visitantes causa a los residentes locales, con congestiones a la infraestructura, daño a los recursos naturales y amenazas al patrimonio cultural. Las acciones prácticas recomendadas van desde distribuir a los turistas en diferentes áreas y tiempo, ajustar los precios para equilibrar la oferta con la demanda, regular el alojamiento y limitar el acceso y las actividades.

En tal sentido, la WTTC instó a desarrollar un sistema para que los destinos comprendan su verdadera situación y sean alertados con tiempo a fin de que tomen las acciones adecuadas. “La misión del proyecto es lograr el equilibrio justo entre la llegada de turistas y el beneficio al destino”, subrayó la titular del organismo.

 

OTROS EJEMPLOS.

La capital alemana está experimentando un notable incremento en los arribos turísticos, marca que en 2018 alcanzó los 13,5 millones de personas, un 4,1% más que el año anterior, quienes aportaron 32,9 millones de pernoctaciones (+5,5%). Un significativo impacto económico para las arcas de la urbe que no se refleja en el humor de los berlineses, que desde hace unos años están observando un creciente valor en las rentas de viviendas. Y aquí el 85% de los habitantes alquilar un hogar; sólo el 15% es propietario.

La turismofobia nació en Berlín cinco años atrás, cuando el aumento del turismo comenzó a causar conflictos entre residentes y visitantes. Si bien se dictó una ley que prohíbe la utilización de viviendas residenciales como hogares vacacionales, los servicios de Airbnb no dejaron de crecer.

A partir de 2014, comenta el medio alemán DW, sectores enteros de apartamentos en sectores humildes se comenzaron a rentar a los viajeros y sus anteriores inquilinos fueron expulsados. Y los residentes se sienten solos. Astrid, una residente local, lo explica críticamente: "Aquí, una tienda tras otra se está convirtiendo en un restaurante o bar. Cada vez hay más lugares de comida rápida y bares en las calles laterales, que solían ser relativamente tranquilas. Los quioscos que venden alcohol barato, cigarrillos y más las 24 horas del día ponen sillas afuera de sus puertas, aunque no sean restaurantes. Y el distrito no se opone a ello. Lo que más me enfurece es el estilo de laissez-fair que abunda en el distrito de Kreuzberg”.

A los extranjeros -especialmente a los llegados de Italia, España y el Reino Unido- se los acusa de la “gentrificación turbo” de la ciudad, habitual en todas las comunidades que registran un acelerado desarrollo económico. Aquí, el fenómeno llegó a transformarse en ataques físicos y graffitis abusivos en ciertas zonas de vanguardia berlinesas, pero de atmósfera sencilla, como Kreuzberg y Neukölln.

Sigamos con los ejemplos. Si bien el turismo es la principal fuente de ingresos de Dubrovnik, esta pequeña perla del Adriático se está viendo afectada por el overcrowding que generan las oleadas de visitantes que llegan a bordo de los cruceros e invaden sus calles por algunas horas. De hecho, el arribo de cerca de 9 mil turistas diarios encendió las alarmas de sus autoridades, pues exceden las sugerencias de las Naciones Unidas.

“Queremos otro modelo, uno que se concentre en calidad más que en cantidad”, comentó el alcalde Mato Frankovic, quien a partir de este año limitó las recaladas a dos navíos por día.

En septiembre pasado, en un foro empresarial celebrado en Nueva York, Inga Hlín Pálsdóttir, director del ente Descubra Islandia, aseguró que aunque el turismo todavía "no es un gran problema para el país, no es cuestión sólo de atraer visitantes, sino también de ser sostenibles”. Según explicó, la creciente llegada de viajeros está provocando grandes alzas en los alquileres de apartamentos, obligando a las autoridades a pensar en la creación de tasas turísticas para compensar los efectos del turismo masivo.

El overcrowding no es, claro está, un problema que afecta solo a Europa. En Machu Picchu, por caso, ya rige el nuevo “Reglamento de uso sostenible y visita turística de la Llaqta” (ciudad en español), que deja atrás la denominada “capacidad de carga” que hasta el año pasado establecía un límite de ingresos diarios a la ciudadela. Ahora, se hace referencia a una “simultaneidad máxima razonable” no mayor a 2.500 visitantes al mismo tiempo, con un tope absoluto de 5.600 personas diarias.

En las islas Galápagos el turismo de cruceros está regulado, pero no el terrestre. En 2006 había 65 hoteles en este territorio insular, cifra que aumentó a 317 en 2017 según datos oficiales.

En declaraciones a The New York Times, Andrea Andrea Smith, especialista en temas medioambientales, dijo que nuevas propiedades requieren nuevos caminos, infraestructura y sistemas de drenaje, además de implicar envíos desde tierras continentales. “Cuantos más cargamentos haya, más riesgos de especies invasoras, las cuales constituyen una importante amenaza para un ecosistema tan frágil”, afirmó. Además, la operación de más hoteles deriva en un crecimiento de la población estable, que desde 2010 ha crecido cerca del 60%.

La asociación local de operadores turísticos enfatizó que no quiere prohibir el turismo terrestre a las Galápagos. “No estamos diciendo ‘no vengan’; estamos sugiriendo la necesidad de controlar cuánta gente puede venir”, resalta Jim Lutz, presidente de la entidad y titular de Vaya Adventures, empresa con base en California.

En Tailandia, el acceso a algunas de sus islas debió ser prohibido por la degradación del 80% de sus coloridos arrecifes de coral, producto del turismo masivo.

 
LA RESPUESTA DE AIRBNB

Como queda evidenciado en este informe, la turismofobia está en gran parte alimentada por los alquileres de hogares vacacionales, que elevan los valores promedio y obligan a los residentes a alejarse de las zonas turísticas. Y aquí, los dedos acusadores apuntan al gigante de la materia: Airbnb.

Sin embargo, la controvertida plataforma –presente en 81 mil ciudades en el mundo con más de 5 millones de propiedades– asegura que ayuda a diversificar el turismo promoviendo zonas que necesitan más visitantes y reduciendo la superpoblación en las áreas céntricas de las grandes urbes. Y agrega que el dinero que ganan los anfitriones supone beneficios económicos y sociales para las familias, las comunidades y los gobiernos.

"Mientras que la industria de viajes y turismo sigue creciendo más rápido que el resto de la economía, es fundamental que los residentes y las comunidades se beneficien de los números, récord en muchos casos, de visitantes a sus ciudades", aseveró un representante de Airbnb.

La empresa añadió que trabaja con gobiernos de todo el mundo sobre unas normas claras "para asegurar que los anfitriones y los visitantes utilicen la plataforma con confianza y certidumbre".