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Columna
El Arquetipo

Por Oscar Rueda García

Más se demoró en salir a la luz pública el logosímbolo de la Colombia Turística (en realidad más que “arquetipo”) que, en lanzarse la primera crítica, diciendo que recordaba los ojos de condorito enloquecido. Para el autor, David Consuegra, el llamado padre del diseño gráfico en Colombia, era un sol precolombino que consistía en una espiral tricolor y por lo tanto de fácil asociación con Colombia, que representaba la cultura del país y sus ancestros.

Se trató de un concurso que abrió la Corporación Nacional de Turismo con el fin de contar, después de pedirlo en una Asamblea de Anato, con un arquetipo turístico para Colombia, y se convocó  “por todo lo alto”, salvo el presidente de Anato, debo decirlo, todas figuras muy ilustres conformaron el jurado: desde el mismo Nobel, Gabriel García Márquez, el pintor Alejandro Obregón, Gloria Zea, Carlos Duque (el autor del famoso afiche de Luis Carlos Galán) y Martha Granados, muy reconocidos diseñadores gráficos. Se presentaron casi 3.000 propuestas, el premio si mal no recuerdo eran $ 5 millones, unos US$ 8.000 de la época. Después de un descarte nos reunimos a trabajar sobre unas 30 obras finalistas. Había de todo: esmeraldas, flores, pájaros, granos y matas de café, el sobrero “vueltiao” y dos ranas endémicas, la kokoi (Dendrobates histrionicus) y la rana dorada (Phillobatys terribilllis) rechazadas ambas por venenosas y hasta matas de cannabis. Me inclinaba por un sombrero “vueltiao”, no los convencí, y también por una hamaca, pero Gabo mencionó que significaba pereza, yo descanso, y claro, hasta ahí llegó, quizás gráficamente no era fácil de entender. A él gustó más “El sol Muisca de Colombia para el mundo”, pues era colorido, de fácil reconocimiento del país por la bandera, aunque no representaba un arquetipo turístico que era lo que se buscaba.

Con todo vivió por 15 años, todo un récord, creo incluso aún se usa en los Certificados de Calidad Turística, pero nada lo reemplazó.

Para el diccionario de la lengua española arquetipo es “una representación que se considera modelo de la realidad”. Quizás el mejor ejemplo es el de la Torre Eiffel, que ya ni necesita su foto o diseño parecido sino una figura angulada y vertical y ya se piensa en Francia o en París; el Kremlin para Rusia; y la antorcha de la Estatua de la Libertad ya es suficiente para pensar en Nueva York o en todo Estados Unidos; el Taj Mahal en India; la Garita que identifica a Puerto Rico, que hubiera podido ser de Cartagena y Colombia, y para ir más cerca; Machu Picchu es el arquetipo de Perú; el salto del Ángel de Venezuela; el obelisco de Argentina, y la lista sigue. ¿Y el de Colombia?

Podría ser una pieza de oro del museo, como el poporo, Caño Cristales o Ciudad Perdida, se me ocurren solo a título de ejemplo.

En esta misma columna de Ladevi hace más de un mes reclamaba un eslogan permanente para la Colombia Turística, la pareja perfecta sería el arquetipo, en donde también y con más razón su principal condición sería que perdurara.

En noviembre del año pasado Jean Claude Bessudo, que lleva con ese cuento toda su vida de empresario, en el foro de “Turismo e inversión extranjera”, le pidió al presidente Iván Duque que creara un arquetipo turístico para Colombia, seguramente no le escuchó, pero lo cierto es que lo necesitamos y puede ser tarea de todos proponernos el que pronto contemos con este valioso instrumento de promoción y posicionamiento turístico a nivel mundial, más ahora que estamos de plácemes porque las cifras del turismo, sin contar venezolanos migrantes, está creciendo. Los 70 años de Anato y los 60 de Cotelco podrían celebrarse, con la anuencia, acompañamiento y compromiso del gobierno nacional, abriendo casi 30 años después el mismo concurso, con reglas más claras para que resulte ganador lo que verdaderamente nos identifique como lo mejor y más representativo de nuestro destino turístico.